• 26 mayo, 2022 5:05 am

Radio Vida Familiar

Proclamando principios y valores para la familia

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No desconfíe de las promesas de Dios


Cuando Dios promete algo, sencillamente lo va a cumplir. Él no improvisa. Lo tiene todo cuidadosamente calculado desde antes de la creación.

Si hay algo que tiene concebido Dios para sus hijos, desde antes de la creación, es bendecirnos. Usted y yo estamos en ese listado. También nuestras familias. Hay dos elementos que actualmente nos permiten disfrutar de todos los bienes: la obra redentora de Jesús en la cruz, que restauró nuestra relación con el Padre—la que se había roto por el pecado— y, en segundo lugar, la obediencia.

Sumemos a estos elementos, uno más:  el Señor cumple sus promesas. Quizá las haya recibido en oración o, probablemente cuando leía la Biblia. Esas promesas permanecen en el tiempo. Él ya las hizo, depende de nosotros que se cumplan. ¿Por qué motivo? Porque cuando caminamos en consonancia con Su voluntad, pedimos y recibimos (Lea Juan 14: 13).

Ahora, el pueblo de Israel pudo disfrutar de las bendiciones. Sin embargo, se les dificulto. La duda levantaba una enorme barrera. Se movían más en las circunstancias que en el poder de Aquél que nos creó. Ese fue un sino permanente que les trajo muchas dificultades.

CAMINAR EN LAS PROMESAS DE DIOS

Es fundamental que no solamente creamos en las promesas de Dios, sino que caminemos en ellas. Es decir, que cada paso esté afirmado en lo que Él nos prometió, teniendo como horizonte el que nuestro Padre celestial tiene un tiempo oportuno para materializar esas bendiciones.

Examinar la travesía de los israelitas camino de la tierra prometida, nos ayudará a comprender por qué no somos bendecidos y a corregir errores. Estamos a tiempo para hacerlo.

1.- Tener ideas fijas que levantan barreras al obrar de Dios

Cuando vamos al libro de Números, capítulo 13 y versos del 1 hasta el 17, leemos que Dios pidió a Moisés que comisionara líderes de las doce tribus para reconocer la tierra que heredarían:

“Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid de aquí al Neguev, y subid al monte, y observad la tierra cómo es, y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, si poco o numeroso; cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; y cómo son las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas; y cómo es el terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no; y esforzaos, y tomad del fruto del país. Y era el tiempo de las primeras uvas.” (vv.17-20 | RV 60)

Piénselo por un instante. No los estaba enviando a hacer la guerra, simplemente, a conocer aquél que sería su territorio y, después de ellos, por generaciones enteras. No tenían que pagar por ella, porque era una promesa y, como tal, un regalo.

Como veremos en los siguientes textos, ellos no se preocupaban tanto de la bendición como de quienes la habitaban.

2.- No saber identificar las oportunidades

Hay bendiciones que pueden demandar de nosotros compromiso. Es justo en ese momento en el que muchas personas renuncian. No perseveran. Se dan por vencidas fácilmente y se pierden de maravillosas provisiones de Dios.

“Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos. Y se llamó aquel lugar el Valle de Escol, por el racimo que cortaron de allí los hijos de Israel.” (vv. 23, 24 | RV 60)

¿Qué debían ponderar? ¿Las dificultades o lo que les esperaba para ellos, sus hijos y generaciones enteras? Póngase en el lugar de ellos. Probablemente encontrará respuestas al por qué no ha sido bendecido.

3.- No saber dimensionar las posibilidades

Como su mentalidad era negativa, sólo veían problemas donde había enormes posibilidades de prosperidad. Así lo dieron a conocer a Moisés y al pueblo cuando regresaron:

“Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac.” (vv. 27, 28 | RV 60)

Tal vez se encuentre en la misma situación. Sabe que fue llamado por el Señor a ser bendecido junto con su familia, pero está levantando obstáculos donde no existen. Hoy es el día para aplicar correctivos. Los resultados le sorprenderán.

4.- No debemos agigantar las dificultades

¿Quién estaba con el pueblo de Israel y, de hecho, quién les había hecho la promesa de una tierra que fluía leche y miel? Dios mismo, el creador del universo. Sin embargo, les temieron a los gigantes del territorio:

“Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac.  Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.” (versos 28, 29 | RV 60)

Revise cuál es su apreciación de las circunstancias. Si lo gobierna la angustia cuando enfrenta problemas, es hora de cambiar su forma de pensar. Recuerde que con usted y conmigo está el Dios de poder, para quien no hay nada imposible.

5.-Miremos las promesas con los ojos de la fe

Las circunstancias no son las que deben animarnos o desanimarnos. Es la fe que alimentamos en el corazón alrededor del poder de Dios, que es ilimitado. Caleb y Josué tenían ese tipo de fe que derriba barreras:

“Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.” (verso 30 | RV 60)

Hay tres características que se evidencian en los hombres y mujeres de Dios:

  • Plena confianza en Dios.
  • Caminar por fe y no por vista (2 Corintios 5: 7).
  • Moverse en las promesas de Dios.

¿Son estos tres distintivos los que caracterizan su caminar diario? Es hora de revisar cuidadosamente cómo pensamos y actuamos y el grado de fe que nos asiste, e imprimir los cambios que sean necesarios.

6.- Estamos llamados a inspirar fe y confianza en Dios

Cuando pensamos y actuamos, estamos transfiriendo enseñanzas no verbales. Y cuando lo expresamos, no hacemos otra cosa que reforzar aquello en lo que creemos. Esa precisamente fue la disposición de Caleb y Josué:

“Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena.  Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.  Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.  Entonces toda la multitud habló de apedrearlos.” (Números 14: 6- 10 | RV 60)

Depositar nuestra confianza en Dios puede que desencadene oposición, burlas y toda suerte de reacciones entre quienes nos rodean. Sin embargo, no podemos detenernos. Es necesario avanzar con firmeza, en dirección al cumplimiento de las promesas.

7.- Dios honra la fe de los que creen

El incidente pasó a la historia como uno de los más dolorosos. Tenían la oportunidad de disfrutar la tierra prometida, pero se dejaron gobernar por el negativismo y el miedo. ¿Y qué pasó con Josué y Caleb? La Palabra responde este interrogante:

“Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.” (Números 14: 24| RV 60)

Revise el texto porque encierra una gran enseñanza. Solo quienes creen, se mueven en fe y no se dejan gobernar por las circunstancias, heredan las bendiciones. Atesore ese principio en su corazón.

Decídase a caminar hacia las bendiciones

Dios tiene por amor y gracia, enormes bendiciones para usted y su familia. Ese convencimiento debe alimentar nuestra cotidianidad. Hoy es el día para dejar de lado toda sombra de duda y dar pasos sólidos hacia lo maravilloso que el Padre le ha prometido. Decídase. Hoy es el día para comenzar.

Para concluir, si aún no ha recibido a Jesucristo en su corazón, hoy es el día para que lo haga. Permita que Él obre poderosamente en su existencia y en la familia.


© Fernando Alexis Jiménez – Ministerios Vida Familiar – #RadioVidaFamiliar


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Fernando Alexis Jiménez

Fernando Alexis Jiménez es autor y conferencista cristiano. Coaching certificado por la organización John Maxwell Team. Junto con su esposa Lucero dirigen los "Ministerios Vida Familiar" enfocados en la proclamación de principios y valores para todos los componentes del hogar. Dirigen los Seminarios "Edificando Familias Sólidas", que se imparten de manera presencial y virtual