• 26 mayo, 2022 6:55 am

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9 características de un legalista religioso


Nadie desconoce las consecuencias del pecado, que nos persiguen como una sombra. Sin embargo, cuando nos arrepentimos y pedimos perdón a Dios, es necesario que—también—nos perdonemos a nosotros mismos. No podemos permitir que el enemigo nos siga atormentando con la culpabilidad.

Quizá los ha visto en alguna parte. Son personas que se proclaman seguidoras de Jesucristo, pero andan señalándole a todas las personas sus pecados. “En la congregación a la que asisto, enseñan el verdadero evangelio, y nos enseñan a no pecar.”, advierten sin ocultar su orgullo por haber encontrado el camino donde serán salvos.

Otros memorizan infinidad de versículos bíblicos que le recitan a la menor oportunidad y, tras su retahíla, inmediatamente le advierten que usted va camino a la condenación. La muestran una perspectiva derrotista y atemorizante de un Padre celestial que está atento a sus errores, para castigarlo.

Por supuesto, no faltan quienes le dicen que, si no diezma, se irá al infierno. Ponderan lo financiero por encima de su relación con Dios. De paso le enfatizan que si comparte sus recursos con la denominación de la que es miembro, el Señor lo prosperará.

El comportamiento de los legalistas religiosos suele ser sutil. Me permito acuñar el término de camaleónicos. Se desenvuelven de acuerdo con cada circunstancia y procuran obligar a quien tienen a su lado, para que se convierta a Jesucristo a la fuerza. Incurren en uno de dos extremos: les venden la idea de la condenación eterna si no toman esa decisión ahí mismo o, bien, buscan persuadirlo con la idea de que, al aceptar a nuestro amado Dios y Salvador, todos sus problemas se acabarán.

NUEVE CARACTERÍSTICAS DE UN LEGALISTA RELIGIOSO

Probablemente se ha visto enfrentado con una situación así. De hecho, se siente tan mal consigo mismo, que hasta desiste de aceptar a Jesús como su Señor y Salvador. ¡Cuidado! Compartimos con usted nueve características de un legalista religioso:

  • Considera que la única verdad revelada se encuentra en la denominación a la que asiste.
  • Vive conforme a normas y reglamentos, generalmente impartidas por sus líderes, las cuales valida como el único camino para ser salvos.
  • Considera que, al no acatar las normas y reglamentos, se pierde la salvación.
  • Considera que solamente si hace buenas obras y no se equivoca, encontrará la aceptación de Dios.
  • Es una persona dura consigo misma y se justifica con sus esfuerzos de consagración a Dios.
  • Se compara con otras personas con el propósito de magnificar los errores en los que incurren los demás.
  • Experimenta orgullo por su religiosidad.
  • Se fija la meta de vivir alrededor de la auto-negación, una disciplina rígida y el perfeccionismo como un camino para agradar a Dios.
  • Si por alguna razón no recibe la recompensa de Dios por sus esfuerzos para serle acepto, el legalista se enoja con el Padre celestial y lo califica de injusto.

Si observa un comportamiento igual o parecido, es hora de encender las señales de alarma. Su mirada no puede estar puesta en el hombre, sino en Jesucristo. Él es quien nos salva, no las doctrinas humanas que, en ocasiones, esconden intereses particulares y denominacionales.

¿QUIÉN NO COMETE ERRORES?

Al igual que muchos de ustedes, le pedí a Jesucristo que fuera mi Dios y Salvador. Hasta allí, maravilloso. El problema vino cuando incurrí en algún error. Me asalto el sentimiento de culpa. De hecho, no quería seguir adelante. ¿Le ha ocurrido? Creo no equivocarme al señalar que es un común denominador en infinidad de creyentes.

Olvidé la gracia del Padre celestial que nos perdona y ofrece una nueva oportunidad, al recibirnos como sus hijos amados.

El apóstol Pablo explica cuál es nuestra condición al recibir a Cristo en nuestro corazón:

“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne: porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; más si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis. porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.” (Romanos 8: 12-14 | Reina Valera antigua)

Cuando reconocemos que ahora somos hijos del Padre celestial, no por nuestros esfuerzos, sino por la obra redentora del Señor Jesús en la cruz, la perspectiva cambia. Él nos ama, pese a los tropiezos, y nos ayuda a seguir adelante.

Sin embargo, nuestro adversario espiritual, Satanás, se aprovecha de los malos momentos para acusarnos (Cf. Apocalipsis 12: 10). Coloca en nosotros ese sentimiento de culpa que nos incapacita para avanzar. Y, de hecho, muchas personas vuelven atrás.

VOLVER ATRÁS, TREMENDO EQUÍVOCO

Volver atrás como consecuencia de haber cometido un error, es un tremendo equívoco. Quien saca ventaja del asunto es nuestro enemigo espiritual.

El apóstol Pablo abordó el asunto cuando escribió a los creyentes de Roma:

“Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; más habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Romanos 8:12-17 | Reina Valera antigua)

Permítame llamarlo a revisar este pasaje escritural cuantas veces sea necesario. Usted es hijo de Dios y, si bien es cierto comete errores, al volver la mirada al Padre con sincero arrepentimiento, recibirá perdón de los pecados. Él no deja de amarlo por sus fallas.

El autor cristiano, John Sheasby, anota lo siguiente:

“Estoy convencido de que el principal problema es nuestra incapacidad de vernos a nosotros mismos como Dios nos ve.”

Dios nos ve como sus hijos, pero en la mayoría de los casos, al pecar de nuevo—fruto de nuestra naturaleza humana–, nos sentimos tan indignos que queremos volver atrás.

SOMOS HIJOS DE DIOS POR LA FE

El error de muchas personas es desconocer el proceso por el cual fuimos perdonados y hechos hijos de Dios. El eje central es la fe en la obra redentora de Jesucristo en la cruz.

Al escribir a los creyentes de Galacia, en la antigua Asia Menor, el apóstol Pablo lo describe en los siguientes términos:

“Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos. No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa los herederos.” (Gálatas 3:26-29 | Reina Valera antigua)

Por supuesto, un legalista religioso no perderá oportunidad para ayudarle al adversario espiritual a hacer su trabajo. Procurará que nos asista el sentimiento de culpa. Echará en cara nuestros pecados e, incluso, de manera sutil quizá nos lleve a creer que no tenemos esperanza de ser salvos. En su afán de tener la razón, quizá haga acopio de lo que otrora fuimos.

Por supuesto, no podemos permitírselo. Usted y yo fuimos perdonamos por la Gracia de Dios, como enseña la Palabra:

“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.” (Miqueas 7: 18, 19 | RV 60)

Aquí vale insistir en algo maravilloso: la Gracia de nuestro amado Padre celestial. Desconocerla, es tanto como desestimar la muerte de nuestro amado Salvador Jesucristo en la cruz.

Retomo las apreciaciones del autor cristiano, John Sheasby, quien anota lo siguiente:

“Este es el dilema que enfrentamos. Po un lado está el recuerdo persistente del pasado, con todos sus fracasos, dolores y frustraciones. Del oro lado, esta la revelación del evangelio de la Gracia de Dios en Cristo, la cual nos muestra quiénes somos ahora en Jesús. En la vida de muchos de nosotros, la voz de a condenación, parece apagar totalmente la voz de la Gracia divina.”

Usted fue perdonado y, fruto de la muerte y resurrección de Jesús en el Gólgota, es visto por el Padre como justo y, eso marca la diferencia. Usted es hijo de Dios.

NO SE DEJE ENGAÑAR POR EL LEGALISMO RELIGIOSO

Plantear que muchos líderes religiosos a quienes gobierna el legalismo, le ayudan al adversario espiritual a hacer su trabajo, me granjea opositores y críticos. Lo entiendo. Es un riesgo que asumo sin temor, porque mi fe—así como la suya—deben estar centradas en Jesucristo, el Salvador.

Permita que Él le revele su actual condición. Pídase si alguna vez se ha sentido tan culpable que quisiera volver atrás.

Acoja en su corazón la recomendación del apóstol Pablo a los creyentes de Éfeso:

“Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos…”. (Efesios 1:17-18| Reina Valera antigua)

Tome nota de los conceptos: espíritu de sabiduría y de revelación. ¿De dónde provienen? De Dios mismo, cuando se lo pedimos.

Y recuerde al Señor Jesús cuando dijo:

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.” (Juan 8: 32 | RV 60)

¿De qué nos liberta nuestro amado Señor? De las mentiras de Satanás, quien desea mantenernos atados al legalismo religioso. ¡usted es ahora hijo de Dios y, por tanto, llamado a experimentar libertad!

TAL VEZ LE FALTA ALGO…

Sí… es probable que todavía en su vida falte algo: aceptar a Jesucristo como su único y suficiente Salvador. Él le dará las fuerzas necesarias para cambiar. Con su ayuda, el hombre de hoy quedará en el ayer y verá nacer el hombre renovado, con una forma de pensar y actuar totalmente positiva, llena de fe y de esperanza.

Invitarlo a nuestro corazón es sencillo. Dígale: “Señor Jesucristo, te acepto como mi Señor y Salvador. Entra a mi vida y haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Gracias por perdonar mis pecados y ofrecerme una nueva oportunidad. Amén”.

Puedo asegurarle que su existencia no será la misma. Ahora le invito para que asuma el hábito de hablar con Dios cada día mediante la oración, leer la Biblia para entender qué principios de vida nos traza allí y acercarse a la congregación cristiana más próxima a usted.


© Fernando Alexis Jiménez – Ministerios Vida Familiar – #RadioVidaFamiliar


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Fernando Alexis Jiménez

Fernando Alexis Jiménez es autor y conferencista cristiano. Coaching certificado por la organización John Maxwell Team. Junto con su esposa Lucero dirigen los "Ministerios Vida Familiar" enfocados en la proclamación de principios y valores para todos los componentes del hogar. Dirigen los Seminarios "Edificando Familias Sólidas", que se imparten de manera presencial y virtual