• 26 mayo, 2022 7:05 am

Radio Vida Familiar

Proclamando principios y valores para la familia

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Un ministerio cristiano enfocado en ayudar a los inmigrantes desamparados

Sarah Jackson no tiene título especial en la comunidad de creyentes a la que asiste. No estudió teología, ni se ocupa de mostrarle a todos que tiene un amplio conocimiento de la Biblia. Simplemente se dedica a servir al Señor auxiliando a los inmigrantes en Estados Unidos.

Sarah Jackson no tiene título especial en la comunidad de creyentes a la que asiste. No estudió teología, ni se ocupa de mostrarle a todos que tiene un amplio conocimiento de la Biblia. Simplemente se dedica a servir al Señor auxiliando a los inmigrantes en Estados Unidos.

Sarah Jackson se sintió profundamente conmovida durante el viaje. Tras varias horas en avión, una larga jornada en bus, aguantando polvorientas vías hasta llegar a la frontera entre los Estados Unidos y México. En la distancia, el desierto. Más allá, el río Bravo.

Muchos inmigrantes mueren en el intento de vivir el sueño americano–, comentó alguien con descuido, con la misma indiferencia de quien se refiere a la vasta extensión de una pradera en el África o los vientos helados provenientes del mar Mediterráneo.

Para la joven, aquello impactó las fibras más sensibles de su ser. La acompañaban otras personas de la comunidad de creyentes con la que se reúne semanalmente. En ese breve diálogo con una de sus mejores amigas, recordó la enseñanza del Señor Jesús:

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.” (Mateo 25: 35, 36 | RV 60)

Sarah experimentaba una vida cómoda y, en cierta medida, perfecta. Para aquél entonces tenía 34 años. Se miraba al espejo y, desde su perspectiva, no le hacía falta nada. De hecho, creía que iba a ser una triunfadora.

Ni siquiera sabía que existían centros de detención para inmigrantes. Tampoco sabía que las familias estuvieran separadas. No pensé que había personas que huían del peligro y emigraban a Estados Unidos.”, dijo a un reportero.

HUYENDO DE MÉXICO

Una de las personas con las que se encontró Sarah, era un mexicano. Estaba huyendo. En su rostro, reflejaba la angustia. Por su apariencia, el rostro curtido por el sol y las manos con cicatrices, podía intuir que era un hombre trabajador.

Una pandilla asesinó a mi esposa, embarazada. Ya una vez estuve en Norteamérica, pero me deportaron porque un agente de vio conduciendo muy despacio y sospechó. Pidió mis documentos y aquí me ve, intentándolo de nuevo.

Aquella noche, en un hotel, no podía conciliar el sueño. Por mucho que lo intentó, no encontraba lugar cómodo en su mullida cama. Las imágenes de los inmigrantes la asaltaban

Una y otra vez, la Biblia habla de tratar al peregrino o al inmigrante como a uno de los nuestros—relata Sarah Jackson. De hecho, ese fue el argumento que le dio a varios de sus conocidos. Evocaba la desesperación de las personas que conoció.  “No tratamos a los nuestros de esa manera.”, dijo.

La vida de Sara Jackson es, además de un servicio a los más necesitados, un ministerio que exalta a Jesucristo.

NACE UN SUEÑO

La idea de hacer algo por aquellas personas la asedió muchas veces. Sabía que era necesario salir del espacio de comodidad en el que se encontraba.

Primero, oré a Dios. Le entregué el proyecto, como enseñan las Escrituras (Salmo 37: 4, 5). Dos años más tarde, en respuesta a mi clamor, nacería la Casa de Paz. Es una organización sin fines de lucro, con sede en Denver. Ayuda a los detenidos recién liberados y a sus familias a recuperarse después de meses de detención migratoria – ofreciendo un lugar para quedarse, comida, ropa y transporte”, explica esta profesional, quien dedica esfuerzos y recursos a la obra social. También es la casa de Jackson, y los huéspedes son tratados como miembros de la familia.

AYUDA OPORTUNA

Cuando las personas son liberadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, en el sector de Aurora, en Denver, los voluntarios de la Casa de Paz les brindan alojamiento, alimentación y ropa.

El edificio es de dos pisos. En un suburbio poblado de árboles. En la entrada un letrero les da la bienvenida. Hay que reconocerlo, es acogedor. El recién llegado tiene acceso a una cocina modesta, pero con provisión para lo que pudieran necesitar.

Mi casa es la casa de todos aquellos que necesitan algo. Es una forma de expresar el amor de Cristo.

Muchos de quienes han vivido la terrible experiencia de la detención por estar indocumentados, sienten que no hay esperanza e, incluso, que todas las puertas se cerraron.

Todo cambia al estar aquí—asegura Philip, un hombre de edad media proveniente de África–. Te liberan en este extraño lugar sin dinero, en un país que te ha tratado mal. Luego tienes esta casa donde hay comida gratis, ropa, todo. Es una bendición de Dios. Algo increíble. –, dice con entusiasmo.

La construcción tiene dormitorios para los visitantes. También un espacio grande para familias. Doce camas en total. Además de la nota de bienvenida, que los sorprende a todos porque resulta acogedora, reciben una bolsa con artículos de aseo personal, una mochila y una toalla.

DECENAS DE BENEFICIARIOS

La labor ha sido persistente. Hasta la fecha han atendido a más de 2000 personas. En su conjunto, provienen de 23 países. En su mayoría, llegaron a territorio americano pidiendo asilo. El alojamiento es hasta por tres días.  

¿Y cuál es la fuente de ingresos de Sarah? Jackson, que tiene un trabajo vendiendo software a las iglesias. Ideó un modelo de financiamiento inusual: el vóleibol. Cada temporada, entre 70 y 80 equipos de seis, pagan $250 cada uno para participar en la liga “Volleyball Internacional” que Jackson, una entusiasta jugadora, fundó en Denver. Todos los ingresos se destinan al alquiler y gastos de funcionamiento de la Casa.

Esta mujer no tiene título eclesial ninguno. Simplemente el más valioso: Servidora de Dios. Ese lo da el Señor mismo cuando nos llama a servirle. Y permanece hasta la eternidad. ¿Por qué motivo? Porque no lo otorga el hombre y, por tanto, no lo puede quitar.

EN BUSCA DEL HIJO QUE NO VOLVIÓ

Ella recuerda a una madre salvadoreña que estaba tratando de encontrar a su hijo detenido dando una descripción física a una organización sin fines de lucro.

Ella estaba diciendo: ‘Él es alto, es delgado. Tiene el pelo oscuro y la piel oscura. Es un chico tranquilo y divertido’. Así era como intentaban localizar a estos niños– dijo Jackson. Sintió dolor porque esa descripción aplica a millares de inmigrantes.

Al igual que esta madre salvadoreña, millares viven ese drama.

Ese relato hace evocar la parábola del Señor Jesús:

Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” (Lucas 15: 3-7 | RV 60)

Como padre o madre en desespero por su hijo al que no halla, Dios va en nuestra búsqueda. Es una demostración infinita de Su amor ilimitado.

Sarah Jackson explica los países desde los que provienen los inmigrantes.

Durante esos meses, los voluntarios hicieron todo lo posible: recaudando fondos para pagar las fianzas de los padres, conectándolos con abogados que podrían ayudar a localizar a sus hijos y comprando boletos de avión para llevarlos a casa.

Jackson encontró preocupante la falta de empatía por los detenidos entre algunos miembros de su comunidad.

Sarah trata de educar a la gente donde puede. Los invita a cenar para reunirse con los huéspedes. Aun así, es una batalla cuesta arriba: un miembro de su iglesia recientemente le dijo que una “solución” a la inmigración sería que el gobierno pusiera cocodrilos en los ríos de la frontera.

Es importante que los norteamericanos entendamos que nuestro gobierno ha tenido un impacto directo en la inestabilidad de estos países. En cierto sentido, hemos creado muchas de estas condiciones que obligan a las personas a huir—asegura esta profesional, dedicada a ayudar a los necesitados.

Sarah Jackson lee una nota de agradecimiento: ‘Las leemos para recordar el impacto que nuestros pequeños actos de amor pueden tener.’

Parte de la motivación de Jackson proviene de guardar y leer cartas escritas por antiguos invitados, agradeciéndole a ella y al resto de los voluntarios. “Las leemos para recordar el impacto que nuestros pequeños actos de amor pueden tener en este mundo,” dijo.

Su vida es un ejemplo para millares de cristianos que desean servir, pero no saben cómo. No se requiere de un título para hacerlo, sino voluntad. Dios da la visión, la provisión y la bendición. Jamás lo olvide…

A propósito, ¿ya recibió a Jesucristo en su corazón como su único y suficiente Salvador? Hoy es el día para que lo haga. Permita que Él gobierne en su vida y en su hogar.


© Fernando Alexis Jiménez | Ministerios Vida Familiar | #RadioVidaFamiliar


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Fernando Alexis Jiménez

Fernando Alexis Jiménez es autor y conferencista cristiano. Coaching certificado por la organización John Maxwell Team. Junto con su esposa Lucero dirigen los "Ministerios Vida Familiar" enfocados en la proclamación de principios y valores para todos los componentes del hogar. Dirigen los Seminarios "Edificando Familias Sólidas", que se imparten de manera presencial y virtual