Volvernos a Dios para resolver los conflictos familiares

No podemos desconocer la influencia negativa del pecado en la vida matrimonial. Solo cuando volvemos la mirada a Dios el panorama cambia y hallamos la salida del laberinto.


Fernando Alexis Jiménez | Editor de la Revista Vida Familiar


Nuestra relación familiar está influenciada por el ámbito espiritual aun cuando no lo reconozcamos. Probablemente, para no asumir la responsabilidad. Solamente cuando estamos caminando de la mano del Señor Jesús, las cosas se pueden poner en orden.

El apóstol Pablo abordó el asunto en los siguientes términos:

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2: 14 | RV 60)

En esa dirección, hasta tanto admitamos las consecuencias de estar sumidos en la pecaminosidad que desatan consecuencias negativas, no podremos superar los conflictos de pareja y con los hijos.

Ese pecado al que quizá nos acostumbramos, nos lleva a perder la identidad. Esto ocurre igualmente con el esposo y la esposa.

Progresivamente se desdibujan los roles de uno y otro y con el hostigamiento de nuestro adversario espiritual, Satanás, se avivan los enfrentamientos por la autoridad y el liderazgo al interior del hogar.

No olvide que por el pecado del género humano es que el enemigo gobierna hoy:

Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra.” (Lucas 4: 5; Cf. Juan 12: 31; 16: 11; Efesios 2:2 |RV 60)

Cuando estamos en Dios, podemos vencer los ataques del enemigo contra la familia.

ENCONTRAR SALIDAS DEL LABERINTO

Ahora, ¿es posible encontrar salidas a los conflictos familiares? Este interrogante se lo estará formulando, quizá, porque vive una situación difícil con su cónyuge o con los hijos. O cualquiera sea el mal momento que esté atravesando.

Por supuesto que hay esperanza. Para despejar este cuestionamiento, cabe citar lo que aprendemos en el evangelio de Juan:

“Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;  los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1: 12 | RV 60)

Como hijos, tenemos un Padre que nos ayuda a encontrar soluciones por difíciles y aciagos que sean los momentos que enfrentemos.

Además, es el Dios de poder y de gloria quien nos ayuda en el proceso de transformación, no en nuestras fuerzas, sino en las del Creador. Es por Su gracia.

“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual,  para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;  fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad;  con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;  el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,  en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Colosenses 1: 9-14 | RV 60)

Con ayuda de Dios tenemos la posibilidad de salir airosos de los conflictos que enfrentamos en el hogar.

PREPARARNOS PARA LOS CONFLICTOS FAMILIARES

Hasta aquí resulta claro que toda familia enfrenta conflictos. En algún momento. Algunos son a corto plazo en cuanto a duración, otros más prolongados. Incluso en los hogares aparentemente establecidos y felices.

Los choques pueden surgir cuando los integrantes tienen diferentes opiniones o creencias sobre diversos temas, otras veces pueden producirse por malentendidos que llevan a conclusiones equivocadas.

Cuando no se resuelven de forma adecuada puede conducir a discusiones y resentimientos, incluso  la ruptura familiar.

«Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.» (Romanos 12:18-20 | RV 60)

Por supuesto, ningún componente de nuestro entorno familiar es enemigo; sin embargo, es esencial que tengamos clara la esencia de este pasaje bíblico que se orienta

Compartimos algunos de los conflictos más comunes en los hogares:

  • Confrontaciones por el ejercicio del liderazgo y la autoridad entre los cónyuges.
  • Diferencias de criterio alrededor del manejo financiero.
  • Manejo abusivo o absorbente en las relaciones de pareja y con los hijos.
  • Un mal manejo de las comunicaciones interpersonales.

Lo esencial es identificar en qué aspectos estamos fallando y disponernos a corregir, con ayuda de Dios.

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SATANÁS NO PUEDE GANARNOS LA PARTIDA

A pesar de que el pecado trae situaciones muy complejas a la relación familiar, Dios en su infinita misericordia dispuso un plan para que las familias fueran bendecidas.  Ese plan fue revelado en la vida de Abraham:

“El ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo, y le dijo: «Por Mí mismo he jurado», declara el Señor, «que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único, de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos. En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido Mi voz».” (Génesis 22: 15-18| NBLA)

Por la obra redentora de Jesucristo esta promesa se hace real también en nuestro hogar hoy:

“Hermanos, hablo en términos humanos. Un pacto, aunque sea humano, una vez ratificado nadie lo invalida ni le añade condiciones. Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: «y a las descendencias», como refiriéndose a muchas, sino más bien a una: «y a tu descendencia», es decir, Cristo.” (Gálatas 3: 15, 16| NBLA)

Estas constituyen sin duda buenas noticias. Aunque desconocemos cuál sea la situación que esté enfrentando, cualquiera sea el conflicto tiene solución en Dios.

El primer pacto con fundamento en los mandamientos de la ley (Éxodo 20:1-17), permitió que el género humano se relacionara con el Señor. No obstante, es evidente que, en las fuerzas de las personas, era imposible cumplir con esos requerimientos.

El autor, Neil T. Anderson, escribe:

“El propósito de los mandamientos de Dios no era de carácter restrictivo. Tenía, más bien, un fin protector. La intención del Señor era proteger a la humanidad caída para que no surgieran las semillas de la destrucción y se engrandeciera así el reino de las tinieblas.”

Aun cuando el plan de nuestro adversario espiritual ha sido el de destruir la creación de Dios, comenzando por su institución básica que es la familia, Dios abrió las puertas para echar por tierra esos planes malévolos gracias al sacrificio redentor del Señor Jesús:

“Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesús participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que, por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida.” (Hebreos 2: 14, 15 | NBLA)

Es importante enfatizar que la caída en el pecado por parte del género humano (Génesis 3) produjo un conflicto cósmico que hoy por hoy tiene una fuerte incidencia en las relaciones matrimoniales que están en el centro de la tormenta (Cf. Isaías 65: 6, 7: Jeremías 32: 18)

EL MATRIMONIO EN EL ANTIGUO Y EL NUEVO PACTO

Quienes estaban bajo el antiguo pacto comprobaron con desaliento de qué manera el pecado se transfería generacionalmente. Y de la mano con esta situación, las terribles consecuencias.

El apóstol Pablo lo explica en los siguientes términos:

“Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron.” (Romanos 5: 12)

La buena noticia es que el Señor Jesús rompió esas cadenas de condenación:

Porque en cuanto a que Él murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto Él vive, vive para Dios.” (Romanos 6: 10)

En consecuencia, recibimos por fe el perdón de pecados y la vida eterna. Ahora bien, el perdón va de la mano con un arrepentimiento sincero:

“Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito, que el Cristo padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día; y que en Su nombre se predicará el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” (Lucas 24:45-47; Mateo 3: 7, 8)

Si proseguimos en el mismo estado pecaminoso, nuestros matrimonios se mantendrán en crisis. No podemos decir que creemos en Cristo y permanecer aferrados a viejas prácticas y hábitos.

El autor Neil T. Anderson, anota lo siguiente:

“El arrepentimiento no es otra cosa que renunciar a aquello en lo que ya no creemos que era la verdad y demostramos este cambio, viviendo vidas santas.”

Al ir concluyendo la reflexión de hoy es esencial que coincidamos en que nuestro matrimonio debe ser liberado del pasado, de un ayer de errores. Esa libertad solamente la alcanzamos por la gracia de Dios.

¿Qué hacer para restaurar nuestro matrimonio y familia? Usted Como padre o madre debe dar un paso fundamental. Volver la mirada al Padre. Ríndase a Él. Aprópiese de Su gracia. Es el primer paso para que pueda edificar una familia sólida.


Escuche las transmisiones de Vida Familiar >> www.is.gd/programavidafamiliar


 

Fernando Alexis Jiménez

Fernando Alexis Jiménez

Fernando Alexis Jiménez es autor y conferencista cristiano. Coaching certificado por la organización John Maxwell Team. Junto con su esposa Lucero dirigen los "Ministerios Vida Familiar" enfocados en la proclamación de principios y valores para todos los componentes del hogar. Dirigen los Seminarios "Edificando Familias Sólidas", que se imparten de manera presencial y virtual